Entrevista con un hermano HIV positivo publicada en el Anuario “Unsere Familie 2010” (Nuestra Familia 2010)

Romper el Silencio - Aceptar al Prójimo

Afiche en la Iglesia de Silvertown, Sudáfrica: Mi amigo con SIDA sigue siendo mi amigo

Más de 30 millones de personas en el mundo están infectados con el HIV. La mayoría en los países al sur del Sahara. ¿Cómo es la vida para una persona HIV positiva? ¿Qué puede hacer la Iglesia?

Entrevista con un hermano en la fe afectado

Al encontrarnos con Jason por primera vez nos da la impresión que se trata de una persona contenta. Es abierto y se siente que sus intenciones son muy honestas. Su fe y las actividades en su comunidad ocupan un lugar importante en su vida. Especialmente le gusta cantar.

¿Quién eres, Jason? Por favor cuéntanos algo de tu vida.

Soy nuevoapostólico desde mi niñez y he vivido en un suburbio de Ciudad del Cabo. Soy el hijo mayor de mis padres y tengo tres hermanas. Me he criado con mi abuela, quien tuvo una gran influencia en mi vida. Es una historia interesante cómo ella se hizo nuevoapostólica. Soy una persona tranquila y amo la vida familiar. Si bien me gusta la vida social, no tengo muchos amigos. Leo mucho, además me gusta la música y ver películas. Por supuesto me gusta cantar y siempre he participado activamente en las actividades de la comunidad.

¿En qué momento te diste cuenta que eras HIV positivo?

Eso fue en 1994, cuando tenía 22 años.

¿Cómo se llegó a ese diagnóstico?

Tenía 19 años cuando conocí a un hombre y tuve una relación seria con él. Él era bastante mayor que yo, y haciendo una mirada retrospectiva me doy cuenta que fui muy ingenuo respecto a nuestra relación. Finalmente nos separamos. A los 3 meses se contactó conmigo para decirme que un examen médico que se había practicado arrojó el diagnóstico de HIV positivo. Me aconsejó hacerme un examen yo también.

¿Cómo te sentiste en ese momento?

No sabía qué hacer. Mi primer miedo fue, cuanto me quedaba de vida, porque en aquel entonces mucha gente se había muerto de SIDA. Tenía recién 22 años y no quería morirme. Por supuesto tenía miedo de hablar de ello. ¿Qué iba a decir la gente?

Tenía mucha rabía con mi ex pareja. ¿Por qué no había sido más responsable, si él era bastante mayor que yo? Aún me da rabia cuando lo recuerdo. Pero gracias a mi fe puedo dominar mi rabia, y me he dado cuenta que yo tengo que cargar con la responsabilidad por lo que ha pasado.

¿Has buscado alguna posibilidad de hablar con alguien?

Durante un año no hablé con nadie. Empecé a informarme, pero fui demasiado tímido como para conversarlo con alguien. Opinaba que la sociedad no estaba lista para ello. En una charla con un amigo tocamos el tema. Recuerdo que estuvo muy choqueado, pero no se alejó de mí. Nada cambió en nuestra amistad, y así decidí ir hablando con otras- personas. Hice la experiencia de sentirme mejor cuando hablaba del tema. Pero aún no lo había contado a mi familia. Cuando finalmente decidí hablarlo con mi madre, viví uno de los días más difíciles de mi vida. Pero afortunadamente no me rechazó aunque el impacto para ella y para mi familia fue grande. Hasta el día de hoy me aman y me apoyan.

¿Qué rol jugaba la Iglesia entonces?

Nadie en la Iglesia sabía de eso. No había conversado con nadie. Seguí en mis actividades de siempre. Temía la reacción de la gente. Un Pastor con el cual había colaborado en la juventud fue el primero con quien pude conversar. En su casa me tratan como un hijo. Después de hablarlo con él lo pude hacer también con otros jóvenes.

En mi lugar de trabajo he hablado abiertamente de mi infección con el HIV. Como en la empresa trabajan varios nuevoapostólicos, rápidamente se corrió la voz.

¿Cómo siguió y cuál es la situación actual en la Iglesia?

Por mi situación laboral me han pedido hacer charlas en escuelas y otras instituciones. Accedí y así toda la comunidad se fue enterando sin mi intervención.

Puedo decir que de ningún modo ha cambiado el trato hacia mí. Jamás he sentido una mirada rara o que alguien me hubiese evitado. Creo haber encontrado comprensión para mi situación. Hace un tiempo atrás me enfermé bastante por el cambio de la medicación y no pude participar en los ensayos de coro para un evento especial. Cuando hablé con el director del coro se mostró con mucha comprensión y me aseguró que podía volver a cantar cuando mi salud hubiese mejorado. Esa comprensión fue un consuelo para mí. Significa que sigo conservando mi lugar de pertenencia, y eso es muy importante para mí.

¿Cuál es la importancia de tu fe en relación al hecho de ser HIV positivo?

Considero el obrar de Dios en mi vida como un verdadero ejemplo de su Gracia. Reconozco al Padre Celestial en las pequeñas cosas de la vida diaria. A veces paso por situaciones que otros ni saben, ni ven. Por ejemplo cuando voy al médico y los análisis de la sangre están tan mal que me da miedo. Entonces es un consuelo saber que el Señor conoce mis preocupaciones. Él sabe lo que estoy pasando.

A veces los medicamentos que estoy tomando tienen efectos secundarios que llevan a la depresión. A través de mi participación en las actividades de la comunidad el Señor nuevamente me alienta. Muchas veces cuando me piden dar una charla acerca de cómo se siente cuando se es HIV positivo, transmito al público como mi fe se ha transformado en un ancla para mi vida.

¿Qué papel debería cumplir la Iglesia en relación al HIV y SIDA, según tu opinión?

En principio me sentí decepcionado porque la Iglesia reacciona lentamente al problema de HIV / SIDA. Me han pedido dar charlas en otras iglesias cristianas, pero en nuestra comunidad la propuesta genera reserva.

Sin embargo hoy me alegro por los avances que han hecho en esta área. Desde que se creó un grupo de trabajo que se ocupa de este tema, se han realizado varias actividades. Se ha logrado llamar la atención a través de afiches y cintas, o por ejemplo cuando la juventud hace una cadena humana para advertir la problemática del HIV. No obstante desearía que la Iglesia se ocupara más directamente del tema. Ver alguien que físicamente no se diferencia del resto, pero saber que está infectado, esta es la realidad.

Lo que desearía de la Iglesia: Que los infectados con el HIV se puedan sentir contenidos en el ámbito eclesiástico. No todos tienen el coraje de confesar su estado por temor al estigma de ser HIV positivo.

¿Desearías que la Iglesia ofrezca cuidado paliativo y tratamiento antirretroviral?

Para mí, la Iglesia es un refugio seguro, donde me puedo sentir bien y donde se me acepta tal como soy. Si no estoy bien o si paso por momentos difíciles, puedo esperar de los portadores de ministerio que oren por mí y que me acompañen en mi situación especial.

Cuando hay una gran necesidad, por ejemplo cuando hay familias que no tienen alimento, la Iglesia puede intervenir y ofrecer ayuda. También los infectados muchas veces necesitan ayuda material. Pero también opino que los infectados tienen que asumir la responsabilidad por sí mismo. Sin embargo, deberían saber que la Iglesia está dispuesta a  ayudar.

Quizás estoy algo deprimido, pero voy al ensayo de coro porque me gusta cantar. Me siento bien entre mis hermanos, porque no me miran de reojo. Y cuando llego del ensayo a mi casa, ya me siento mucho mejor. No todos tienen que ser mis amigos, pero necesito sentir que pertenezco a la comunidad.

¿Qué le dirías a alguien que aún no se ha ocupado con este tema?

Quisiera decir a mis hermanos que aún tienen dificultades con este tema, que a mí me pasa lo mismo. Yo soy uno de ellos – somos uno solo. Cuando me miran no deben ver a alguien que es portador de HIV, sino deben ver a un hermano, un Hijo de Dios, tal como ustedes que se ve confrontado con muchos problemas similares a los de todos. No es algo realmente diferente.

Si me regalan su amor, si me ofrecen comprensión y no me juzgan, si me miran con los ojos de un Hijo de Dios, será mucho más fácil para mí. La confrontación con el HIV es lo suficientemente duro para mí. Por favor, vean en mí a un Hijo de Dios y tratenme correspondientemente.

 

 

Anuario de la revista “Unsere Familie” (Nuestra Familia) 2010 

Con amable autorización de INAInternacional

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Sábado, 22 de abril 2017, a las 16.00h en la Iglesia Constitución (Pasco 735 Ciudad de Buenos Aires).

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